viernes, 14 de octubre de 2011

Un regalo para L.

Mi estrategia con L. no es comprar su cariño a base de regalos. No creo en fomentar el materialismo y por eso,  he decidido espaciarlos y dárselos de manera espontánea, tratando siempre de realizarle ilusiones. Aunque me costó entenderlo,  con la experiencia he ido aprendiendo que los regalos de una madrastra son vistos como una "amenaza", particularmente cuando son un éxito con los niños. Cualquier esfuerzo de mi parte, amerita otro para destruir lo que alcancé.
Mi primer regalo  fueron unos zapatos de charol rojo con un poco de tacón, que le fascinaron a mi hijastra. Después de que su mamá le dijo que los zapatos eran demasiado cursis y le compró otros prácticamente iguales, L. perdió el interés en ellos. Para nuestra primera navidad, le compré unos aretes. Dos días después la mamá y mi suegra le habían comprado un par cada una. Ahora usa muy raramente los que yo le dí.
Hace poco, para premiarla por haber pasado de año, fuimos juntas a comprar un disfraz de Sharpay -igual al de la foto-. L. prácticamente no se lo quita ni para comer y que pensaba usar para su próxima fiesta de carnaval. Para este cumpleaños su mamá le va a comprar un disfraz de Jasmine, que por supuesto sustituirá al mío en el carnaval.
Claro que la situación me molesta y me frustra, pero por mi salud mental también he venido a aceptar que son los gajes de este oficio, me guste o no, siempre voy a estar en segundo o tercer lugar a los ojos de L. Lo único que espero es que con el tiempo acabe por rescatar de esto lo verdaderamente importante: que me importa verla feliz.


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